cito: "De pronto, sin darnos cuenta, uno se despierta un día y se da cuenta que no tiene deseos de levantarse, que le pesan los ojos, que no quiere mirar, que las sabanas son el perfecto lugar de "refugio"...pero, hay que salir, levantarse, y hacer al desayuno resulta pesado...y no hay ganas...de nada...no queremos ir a trabajar, no queremos ver a nadie, nos falta voluntad..decimos bueno es un día de bajón...y lo dejamos pasar...De pronto, en otra ocasión nos damos cuanta que nos invade una angustia inexplicable y sentimos unas tremendas ganas de llorar...pero porque?...cualquier cosa es el motivo perfecto para llorar, una palabra, un gesto, algo que nos sucedió, un señor que por mal educado nos empujo en la calle, una amiga que estaba apurada y no pudo atendendernos al teléfono como hubiéramos querido, una cuenta por pagar, cualquier cosa nos da el motivo justo para llorar. Y ese sentimiento, esa sensación va creciendo y se hace más fuerte, cada vez es más seguido que nos sentimos mal, esa opresión en el pecho, es como una prensa que no nos deja respirar,nos duele..y solo queremos estar solos y a oscuras, que nadie se acerque, que nadie nos vea."
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